Villalpando: en manos de los conservadores 1810 y 1910 Álvaro Cepeda Neri
Es muy cierto que no todos los mexicanos, en nuestro tiempo, comulgan con la interpretación histórica de quienes, apoyados por el pueblo, decidieron los fundamentos de la Nación; desde los levantamientos y defensa indígenas, de la Conquista a la Colonia, de Hidalgo a Villa, Zapata, Obregón y Calles.
Y pocos, afortunadamente, una vez conociendo con perspectiva histórica la Gloriosa Revolución de Ayutla, eje y parteaguas de la democracia y el republicanismo según los cuales insistimos en vivir y convivir (dentro de la Insociable-sociabilidad” como tensión siempre presente en las sociedades civiles), disienten de que la Generación de Juárez, cuando “los hombres parecían gigantes”, contribuyeron irreversiblemente a la construcción del Estado Federal, Laico, de separación de Poderes y de pluralismo ideológico.
Lo irónico es que ahora los conservadores de derecha, con herraje panista, tienen que organizar la celebración de las Revoluciones de 1810 y 1910. Y que en sus manos esté invocar esas gestas, para lo cual y teniendo que inclinarse ante los que en sus épocas vencieron a los reaccionarios, traten de introducir homenajes a los vencidos: el Iturbide de la efímera y única monarquía en nuestro país, porque la de Maximiliano ni jurídica ni legítimamente se convalidó, ya que Juárez era el presidente constitucional de la República.
José Manuel Villalpando (a quien hizo “famoso” Gutiérrez Vivó, al darle oportunidad de ser el “historiador” del programa radiofónico, Monitor y que persiguieron Fox y Calderón hasta aniquilarlo, en el inicio del abuso del poder contra las libertades de prensa), tras la renuncia de tres que designaron para el cargo, es quien está al frente de la Comisión del Bicentenario y Centenario.
Y en sus mensajes de propaganda, ya empezó a mencionar a Maximiliano, el gran “héroe” de los conservadores de ayer y de hoy. Habla y escribe como si tuviera diarrea oral y un brazo robótico. No le para la lengua y sigue en la radio con sus “charlas” de historia, vomitando en el micrófono peroratas reaccionarias para tratar de glorificar a los vencidos.
Afortunadamente, o de lo contrario tuviéramos un Estado Unitario; una sola religión, un partido católico-derechista y un rey (¡imagínense a Calderón con corona y toga, arrastrando la capa, como ahora el uniforme de general de cinco estrellas!).
La derecha calderonista hace hasta lo imposible, con Villalpando a la cabeza, por celebrar 1810 y 1910 con una interpretación a modo de los que, si bien llegaron al poder presidencial precisamente por la democracia y republicanismo de la Independencia y la Revolución, no podrán elevar a sus Maximilianos, sus Iturbides monárquicos, a sus hombres disfrazados con sotanas, a sus Victorianos Huerta (con todo y que este alcohólico ya tiene su clon en Los Pinos).
Y en una de esas, como está de explosiva la Nación por los fracasos de los conservadores calderonistas, las fiestas se les convierten en funerales, como le pasó a Porfirio Díaz que de liberal se transformó a derechista y autoritario.