
|
*Liderazgo Extraviado
*Partidos o Caudillos
*Sociedades Volubles
Los extremos, como los radicalismos, son siempre asfixiantes. Igual de perniciosa es la ausencia de liderazgo que la conducción personalista cuya desembocadura, sin remedio, es el fascismo. Esto es entre el vacío de poder y la autocracia la sociedad respira más bien poco mientras se extiende el dominio de la elite o el del partido dominante.
Quizá una buena manera de medir a un líder atrofiado, en fase de caducidad, es observando la exaltación de los personalismos sobre los intereses de grupo. Lo mismo entre los autócratas ahítos de poder que respecto a los opositores que ambicionan conquistarlo. No hay mucha diferencia entre unos y otros porque ellos mismos reflejan, a veces con grandilocuencia, sus verdaderas intenciones. ¡Cuántos de éstos se dicen demócratas sólo cuando ganan y no son capaces de preparar sus propios relevos! Perecen, políticamente, empeñados en proponerse como guías insustituibles sin brindar oportunidades a cuantos marchan detrás. Y su única capacidad de sacrificio es para proponerse redentores sin labrar horizontes con miras a que otros los alcancen.
Las calificaciones anteriores les vienen bien a los actores políticos del presente. Hacia la derecha y la izquierda. Los Fox y Calderón, por una parte; y López Obrador, por la otra. Los primeros, empeñados en negar que más de la mitad de los mexicanos, esto es la mayoría, no admite los engaños que prohíja la complicidad; y el abanderado del llamado “frente amplio” quien sólo entiende la lealtad cuando se trata de exaltarlo a él, sólo a él, como centro y plataforma de todos los proyectos admisibles sin permitir a cada militante, siquiera, el ejercicio de su propia conciencia. Esto es, únicamente su palabra y sus juicios sumarios cuentan, no los criterios ni las opiniones de los demás que, para colmo, si se desvían de la fuente original es porque han desembocado en la traición. Una composición, por cierto, que hubiesen validado los fascistas de mayor prosapia.
Ni los Fox, durante el sexenio anterior y sus secuelas, ni Calderón, a casi tres años de su asunción presidencial a trompicones, han podido superar la ausencia notoria de gobierno con relación a las grandes decisiones que se requieren. Más bien se han dejado llevar por las circunstancias, acomodándose, sin el menor propósito visionario. Esto es: usaron y usan el poder como escaparate, no para impulsar las grandes transformaciones prometidas. Por ello se empeñan, desde sus propias perspectivas –esto es sea el templo faraónico para cautoexaltarse o la residencia oficial de Los Pinos-, en servir a la minoría que los avala y negar a la mayoría que los rechaza. No valen las calificaciones supuestamente aprobatorias porque éstas se basan, claro, en el aval de los afines y el desdén hacia los demás. No hay espíritu democrático en ello.
Pero también López Obrador se niega a sí mismo. Insiste en que su “lucha”, la suya se entiende y no la de su partido, debe permanecer en la estática de la verborrea fácil sin permitir la menor disonancia. ¡Qué lejos está de aquel tabasqueño que honraba las opiniones ajenas para captar de ellas esencia y fondo! Ahora el propósito es muy distinto: que los demás asienten a cada pronunciamiento suyo sin permitirse la contaminación del criterio personal. ¡Ay de aquél que pretenda la objetividad y ose cuestionarlo! El único valor deviene de una conducta incondicional, sin ambages, que confirme la reverencia y niegue las tentaciones del pensamiento propio. La democracia, en este sentido, se convierte en arma de reclutamiento para aplastar todo rasgo de individualidad. Firmes.
Los usos facciosos del poder se tocan con los usos facciosos de la oposición. Y la tercera fuerza política en las Cámaras, reducto de la antigua hegemonía priísta, chantajea a ambos bandos. Un panorama “enaltecedor”.
DEBATE
El PAN ha sido, sin duda, el partido con más resistencia hacia la presencia de mujeres en sus cuadros directivos o como candidatas. Las ha tenido, sí, y algunas de ellas estupendas, pero más bien como excepciones. Y algo similar se ha visto en los gabinetes presidenciales en donde las secretarias integran el portón de las más afectadas, lo mismo en el foxismo que ahora, al momento de las sacudidas administrativas. Por ejemplo, las salidas de algunas secretarias de Estado, sin mayores explicaciones, confirman la tendencia.
Por ello resultó tan chocante, incluso políticamente incorrecto, la andanada contra Ruth Zavaleta, perredista de cepa y quien fue capaz en su momento de merecer el aval de sus propios correligionarios y el de sus adversarios para alcanzar el rango que ostenta, por disentir de López Obrador a principios de 2008 en cuanto al reconocimiento hacia un gobierno del que los legisladores, como ella, forman parte. El galimatías propuesto por el caudillo que permanece en campaña electoral, al negar los hechos consumados, no puede sostenerse usando la lógica.
La señora Zavaleta, unida sentimentalmente a René Arce Islas –antiguo comandante del EPR con el nombre de Óscar Naúm Círigo Vázquez-, pretendió conducirse con el equilibrio al que obliga su delicado encargo, esto es libre de los partidismos que niegan la condición institucional, y se estrelló, sencillamente, en la intransigencia del “guía moral” quien no admite la menor discrepancia con la línea por él establecida. Llegó éste incluso a decir, en un tono francamente misógino, que el flamante secretario de Gobernación andaba “agarrándole la pierna a quien se dejara” luego de una entrevista que Zavaleta tuco con este imberbe funcionario. Y luego agregó: “políticamente, ¿eh?”. Esto es pretendiendo soslayar la doble intención evidente.
Tales rasgos, de un lado y otro de la mesa, sirven para perfilar las verdaderas intenciones de los ponentes políticos de la actualidad y valorar las intransigencias mutuas. Los liderazgos se extravían cuando surgen los mesianismos y se pretende volver, en el caso de México, a la nación de caudillos que se arrebataban el derecho a ser proclamados presidentes. Nuestra historia, ya lo dijimos, es una amarga concatenación de traiciones triunfantes y de ejecuciones sumarias, físicas y políticas.
Por algo, claro, hasta algunos partidarios de Andrés Manuel, como Alejandro Encinas, su hechura, debieron reconocer que los intereses partidistas deben estar más allá de las conducciones personalistas. Por supuesto, el aguascalentense Jesús Ortega se frotó entonces las manos al exaltar su condición de opositor ante el nuevo caudillo intransigente.
EL RETO
No quiero dejar de señalar un curioso paralelismo que ahora mismo descubro entre la señora Zavaleta y una destacada priísta, ex presidenta de su partido además y ex gobernador de Yucatán, Dulce María Sauri. La perredista, insisto, abreva personalmente en las fuentes de un antiguo miembro del EPR cuyos vínculos acaso no han cesado; y la yucateca es esposa de José Luis Sierra, “el perico”, quien estuvo confinado largos años en el Penal de Topochico, en Nuevo León, como uno de los involucrados en el crimen contra Don Eugenio Garza Sada, uno de los forjadores del Monterrey moderno, en 1975.
Sierra, el marido de Dulce, admitió en alguna ocasión, tras la amnistía que le permitió volver a la calle, que estaba impedido para hacer política por sus antecedentes. Y por ello, se deduce, volcó todas sus expectativas en su inteligente mujer aun cuando buscara refugio y plataforma en el antiguo cacique del sureste, ya extinto, Víctor Cervera, quien, a su vez, reclutó para su causa a otros antiguos extremistas, como Mario Menéndez, otro de quienes torpemente creen que el mundo comienza y termina con ellos descalificando toda opinión no coincidente. Los polos se tocan.
¿Quién habla de que no merece la pena una revisión histórica?
LA ANÉCDOTA
El México de las instituciones se fundamentó en el finiquito a los caudillos golpistas. No se olvide que, además, antes de la fundación del Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRM y el PRI, los institutos regionales, encabezados entre otros por el yucateco Felipe Carrillo Puerto y el tabasqueño Tomas Garrido Canabal, debieron confluir hacia la plataforma central extinguiéndose de hecho.
Un viejo maestro me decía:
--Es curioso que una de las sociedades más conservadoras del país, la yucateca, haya prohijado también al primer gobierno socialista –el de Carrillo Puerto- instalado dentro del territorio nacional.
Así ha sido siempre. Pero me temo que el carácter voluble de los mexicanos, no sólo el de los yucatecos, mucho se deba al hastío por la resistencia de la politiquería y, sobre todo, a la abulia de una sociedad que prefiere estar desinformada antes que esforzarse en el análisis. Abundaremos.
Contactos para agendar conferencias: Profesor Lorenzo Silva. Teléfono (55) 55 311 990
Web: www.rafaelloretdemola.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
Regresar | Version para imprimir
|