Actualmente algunos de los problemas que más preocupan a los mexicanos son los de la ilegalidad, la inseguridad, la falta de honestidad y de honradez, la corrupción, los robos, los asaltos, los secuestros, el tráfico de drogas, la extorsión, los engaños y los homicidios cometidos por el llamado crimen organizado. Todos es un complejo de situaciones y hechos que en su conjunto constituyen una grave crisis social que irrita y molesta a la población.
Sería muy difícil evaluar la gravedad de los indicadores de la crisis social que padece el país y sus efectos. Globalmente son problemas de conducta que conocemos por la información que se transmite a través de los medios de comunicación. También se recoge por la observación, por las declaraciones, porque los hechos los vemos y los sufrimos. A todo ello se suma la llamada crisis financiera originada en Estados Unidos con efectos globales.
Los noticieros de la radio, la televisión y las informaciones periodísticas en su conjunto tienen un sentido negativo. Nos han convencido a todos de algo que conocemos directamente. Estamos mal y podemos estar peor en los próximos meses. Es un problema real pero se vuelve más grave cuando se genera un gran contagio mental entre los comunicadores, que causa preocupación colectiva. Sólo el sencillo hombre del pueblo considera que todo ello es del mundo de los financieros o de los Estados Unidos.
Alcanzan también mucha resonancia las corruptelas, la falta de probidad y de honestidad; la conducta inmoral y la violación de las leyes que cometen los servidores públicos. En gran medida esos problemas abarcan también a muchos grupos del sector privado. Todo en su conjunto constituye un problema general de conducta que afecta a toda la sociedad en diversos grados. La situación se ha llegado a considerar como una crisis social que se puede generalizar.
Los problemas de la inseguridad, del narcotráfico y del crimen organizado se originan en gran parte en la crisis económica que padecemos. Pero la corrupción, la deshonestidad, la simulación, el engaño, la falta de probidad y de respeto a las leyes y a los demás, son problemas de conducta que tienen que corregirse en su raíz mediante la educación. Esas son manifestaciones negativas de la conducta humana que se combaten con la adecuada formación moral de las nuevas generaciones.
Es claro que existe un grave problema económico, pero también es evidente que existe una compleja crisis educativa que se agravó en los últimos años. La educación como fenómeno social está seriamente afectada por los medios de comunicación. No se transmiten valores de una generación a otra. Lo que se difunde en gran parte es propaganda comercial o información de contenido amarillista o de nota roja. Dicen que la cultura no vende y lo que sí tiene impacto es el ataque, lo sensacionalista, la nota roja.
El sistema escolar por su parte padece una vieja crisis. Se origina cuando los directivos oficiales de alto nivel entran en conflicto con la historia de México y con los maestros. Se pensó que era posible cambiar la cultura magisterial y la visión histórica, mediante procedimientos burocráticos o manipulación del magisterio. Esa es una crisis que se complicó con la llegada a la SEP de personas ajenas al magisterio que todo lo han distorsionado.
Antes los niños y jóvenes de México recogían sus valores morales de los ejemplos de fortaleza humana, de elevación espiritual, de probidad y patriotismo, que dejaron en la historia nacional los liberales del siglo pasado, los precursores de la Revolución Mexicana y muchos de sus continuadores en la lucha por la justicia, la democracia, la libertad y la dignidad de los mexicanos.
Hoy más que nunca le corresponde a la educación lograr que los valores morales dejen de ser simples palabras para transformarse en formas positivas de conducta de la población. Es urgente que en el sector educativo, en todas las agencias culturales y en la sociedad en su conjunto, se recoja el reclamo de elevar los niveles de honradez, de respeto a las leyes y de moralidad general. Todo debe apuntar hacia el objetivo de renovar la moral social de los mexicanos.