Desde hace varias décadas se han emprendido campañas en contra del magisterio y especialmente de su sindicato. En los inicios de la década de los cuarentas el secretario de Educación Pública, Octavio Vejar Vázquez, se dejó arrastrar por los grupos enemigos de la educación laica y de los maestros que la impartían. No obró con tino y entró en conflicto con el magisterio nacional y sus líderes sindicales y académicos. La educación sufrió una grave crisis y Vejar Vázquez tuvo que renunciar.
En la época de Víctor Bravo Ahuja en el interior de la SEP y en diversos foros educativos, tuvieron mucha presencia grupos de supuestos investigadores y expertos en educación extranjeros y criollos. Divulgaron resonantes falacias desorientadoras: junto con la reforma para desnacionalizar la educación esos grupos implementaron una campaña contra el sistema escolar. Explicaban que la escuela es un instrumento de la clase dominante para reproducir sus intereses.
Con una visión inmovilista sobre el mundo y la vida, argumentan que con la escuela se reproducen los mecanismos de dominación para perpetuar las injustas estructuras sociales. Decían que las clases dominantes educan para que las clases dominadas aprendan a obedecer. Colocaron a la escuela como enemiga del progreso humano y no faltaron los que con ese criterio se dedicaron a combatir a los maestros y a la educación escolar, bajo el lema de: Muera la Escuela.
En los últimos tiempos voceros de diversos intereses políticos han tratado de satanizar a los líderes sindicales del magisterio que mantienen una conducta de respeto a las leyes y las instituciones del país. El blanco principal ha sido la líder Elba Esther Gordillo. Pretenden que en los mandos de la SEP no figuren personas relacionadas con el SNTE y sus líderes. Promueven una inaceptable política de exclusión de los maestros en la formulación de las políticas educativas.
Sin embargo, el SNTE, con una visión responsable del futuro de México promovió la participación de los maestros para consensar propuestas a favor de una mejor educación para los mexicanos. Esas propuestas se las presentaron al presidente Felipe Calderón y a toda la nación. La líder Elba Esther se comprometió a promover la acción del SNTE para construir una alianza por la calidad de la educación.
Con la participación de los maestros es posible construir en la SEP políticas de Estado que no sean circunstanciales. Políticas que no se inventen de un día para otro ni se improvisen cada sexenio. Una de ellas es la del respeto a la autonomía sindical de acuerdo con las leyes del país. Otra es la de involucrar a todos en la responsabilidad educativa, especialmente al SNTE.
En la SEP se ha llegado a considerar que es una utopía suponer que es posible lograr reformas radicales y logros espectaculares al margen o sin la participación de las estructuras sindicales. Se estima que de nada sirven posiciones que polarizan como el satanizarlos a los líderes. Se ha aclarado que el nombre del juego es convergencia en el esquema ganar ganar. Se dice que por ello se habrán de instrumentar mecanismos para avanzar de la mano con las organizaciones sindicales.
En diversas épocas funcionarios de la SEP, expertos y especialistas en la educación, han clarificado la relación de la SEP con el SNTE. Se considera que ha sido la historia la que nos ha dejado una especie de niebla entre las funciones de las autoridades y las del sindicato. La realidad es que el protagonista principal de la educación es el maestro.
Las experiencias indican que se debe construir una política compartida entre la SEP, las autoridades educativas estatales, los órganos desconcentrados, descentralizados, sindicales y otros, que permita lograr los objetivos de la calidad. Un pleno respeto a los derechos de los trabajadores y al mismo tiempo una exigencia de que estos cumplan sus obligaciones. Actualmente en ese sentido fue oportuno el llamado del presidente Felipe Calderón para que la SEP se entienda con el SNTE.